Barrio Pedro de Valdivia Norte

Junta de Vecinos Nº 12, Providencia, Stgo.

El imán de Pedro de Valdivia Norte.-

Plaza Padre LetelierPublicado el 28 de enero de 2012 en el diario "La Tercera".-

Hay santiaguinos dispuestos a pagar $ 200 millones por una casa en un terreno de 300 m2. Todo con tal de vivir en este barrio, que casi no ha cambiado en 60 años.

Plaza Pedro de Valdivia NorteLos fines de semana, algunos vecinos sacan las parrillas al parque Padre Letelier, ése que está al medio de departamentos de ladrillo de cuatro pisos que rodean la plaza en forma de "U". No es que esté permitido llegar y hacer asados ahí, pero los vecinos lo aceptan sin problemas.

A un costado del parque está el verdulero del sector, el "Leo", y la "Clementina", el local que olfateó el estilo de vida de los habitantes y que hoy, además de vender queques, sándwiches y quiches, presta una manta para sentarse a comer sobre el pasto.

 Este sector -considerado por urbanistas como una "isla urbana", porque está lo suficientemente aislado del ajetreo intenso de la ciudad, pero lo suficientemente cerca de éste- empezó a ser habitado en los 50 por quienes buscaban seguir el modelo inglés de la "ciudad jardín", un lugar de vastas áreas verdes, de una escala que hace posible el contacto social y cuyo crecimiento es controlado.

Ya no están sus habitantes originales, pero en el recambio llegó, según explica el urbanista Luis Eduardo Bresciani, un perfil de habitantes similar a los de antaño: "Profesionales que, a pesar de no ser empresarios, tienen un alto nivel de vida". Para el experto, este barrio reúne tres condiciones que lo hacen un barrio único en Santiago: "Calidad urbana (con hartas áreas verdes y tranquilidad para andar en bicicleta), conectividad (con el transporte público, como el Metro y Transantiago) y cercanía con los servicios (diversidad de comercio, oferta gastronómica, colegios, universidades y cercanía con el centro financiero de la capital)", dice.
Luego de pasar años buscando una propiedad que concordara con sus sueños, Paola Zúñiga encontró una hace poco en esta zona. Antes, entre 2006 y 2009, había vivido ahí con su actual marido, que es ingeniero comercial. "Tratamos de comprar algo, pero no encontramos nada rápido, así es que optamos por arrendar en Santa María de Manquehue", cuenta. Cuando quisieron comprar, buscaron en ese sector, pero dice que las casas eran muy grandes y caras (en promedio, $ 400 millones). "Tanteamos Chicureo, pero era muy lejos. Entonces volvimos a Pedro de Valdivia Norte, porque estábamos cerca de todo".
Al igual que Paola, varios interesados pueden pasar un par de años a la espera de que se desocupe una de las cerca de 1.500 viviendas comprendidas en este cuadrante, delimitado por Av. El Cerro, el cerro San Cristóbal, La Concepción y el río Mapocho.
Eso ha provocado, también, que el precio de las casas haya subido. "Si hace cinco años una de 300 m2 costaba $ 120 millones, hoy puede alcanzar los $ 200 millones", dice Rodrigo Aravena, director comercial de la consultora AGS Visión Inmobiliaria.
El experto aclara que esto es un fenómeno que ha estado sucediendo en todo el mercado de casas en el sector oriente, por la escasez de suelo urbano, "que hace que vivir en casa en Santiago sea cada vez más lujoso".

Isabel Margarita Urzúa, socia de Propiedades Urzúa, conoce este rincón capitalino al revés y al derecho. No sólo porque llegó a vivir a la calle Los Misioneros en 1955, sino porque desde los 70 que está dedicada al corretaje de propiedades y tiene varias propiedades de ese sector a su cargo. Según ella, las ganas de los santiaguinos por acceder a una vivienda en este enclave ha sido permanente, excepto en un período entre los años 70 y 80. "La gente tenía el prejuicio de que era una zona húmeda, por la cercanía al río, y oscura, por la sombra del cerro al atardecer. Pero cuando se comenzó a desarrollar Santa María de Manquehue, que también está entre el río y los cerros, esas aprensiones se disiparon", dice.
Urzúa dice que el perfil de los habitantes de este barrio es de jóvenes profesionales, ligados al arte y a trabajos creativos, como arquitectos, publicistas y artistas. Además, son urbanos. Privilegian caminar o andar en bicicleta, en vez de andar en auto, y "no les interesa vivir en barrios más lujosos, como La Dehesa o Santa María de Manquehue".

El gerente general de la tienda de diseño Interdesign, Sebastián Núñez, vive desde hace cuatro años en calle El Mayorazgo y antes lo había hecho en unos edificios cercanos: "Llevo cerca de ocho años acá, y lo que más me gusta es saludar a la señora que barre la plaza, al jardinero, y que todavía fíen en los quioscos".

Similar a lo que valora el publicista Alejandro Silberstein, quien llegó hace tres años a esta zona, luego de vivir frente al Parque Forestal. "Estuve un año buscando casa entre Vitacura y Providencia. La que tengo ahora la compré y la tuve que arreglar, pero aquí tengo vida de barrio: me junto con vecinos en la plaza y recibo el pan en la puerta", explica. Además, cruza el río y tiene a la mano bancos, tiendas y restaurantes. "Casi no uso el auto, trabajo muy cerca y me muevo en bicicleta. Pero creo que esto no es algo normal. Hay pocos lugares donde puedes vivir en una casa sin ruido en las calles pero, a la vez, a pasos del centro financiero más intenso de Santiago y de la torre más alta de Sudamérica".

¿Cómo ha logrado este reducto mantener la escala de barrio? Según el ex asesor urbanista de Providencia, el arquitecto Germán Bannen, "principalmente, debido a la férrea oposición de los vecinos a cualquier iniciativa que cambie el estilo del sector".

Lo mismo opina Urzúa: "En los 70, por ejemplo, se evitó que pasara una carretera por el borde del cerro. Lo mismo ocurrió en los 90 con la Costanera Norte, que terminó por construirse bajo el río. Luego, en 2006, se evitó que el plan regulador aumentara las alturas, que sólo crecieron de cuatro a cinco pisos en Los Conquistadores y Av. Santa María. También, en 2008, pelearon por el túnel San Cristóbal. Y aunque ése sí se haya concretado, los precios de las viviendas nunca bajaron. La gente, hasta hoy, sigue comprando".

Vecinos como el arquitecto Alberto Mozó consideran que el túnel no fue un gran problema para el barrio. "Es un hoyo en el cerro. El verdadero conflicto lo tienen quienes lo utilizan, pueden pasar media hora adentro en un taco", dice. Además, asegura que "sus habitantes tienen que darse cuenta de que viven en una zona de alto tráfico".

Aunque el sector no figura entre las calles con más robos de vehículos de la comuna, sí se ha ganado la fama de que allí ocurren muchos de estos delitos. "El año 87 yo estudiaba Arquitectura en Lo Contador y ya se hablaba de los robos. No es algo nuevo, pero es lo mismo que ocurre en miles de otros lugares de Santiago", dice Francisco Donoso Tagle, académico de la Universidad Diego Portales, quien tiene su oficina en Av. El Cerro con Los Conquistadores.

Según el presidente de la Junta de Vecinos 12 de Pedro de Valdivia Norte, Jorge Valenzuela, esto se debería a la población flotante que llega a estacionar sus vehículos durante el día. "La gente que trabaja al otro lado del río se estaciona aquí, pero hay buena vigilancia municipal y de Carabineros", asegura. Gonzalo Fernández, jefe del Departamento de Planificación y Operaciones de la Municipalidad de Providencia, explica que el sector "cuenta con un móvil y una motocicleta que lo recorren las 24 horas al día".

Luis Eduardo Brasciani sí ve otra presión inminente. "El estilo de vida que quieren tener los que viven acá, en su mayoría, incluye trabajar cerca de la casa. Por lo tanto, la demanda por tener oficinas dentro del barrio ha ido aumentando. Va a llegar un momento en que no habrá espacio para más y va a pasar lo que sucedió con el barrio de Presidente Errázuriz, que se fue llenando de oficinas, primero, y luego de departamentos en las avenidas cercanas, como Apoquindo", explica.

La mayoría de los vecinos tampoco le teme a la llegada de grandes edificios alrededor, como el Costanera Center, aunque reconocen posibles molestias. "No es prematuro anticiparse al impacto vial negativo que causará, sobre todo en las horas peak. Pero, por otro lado, ofrecerá un polo de servicios muy demandado por nuestro barrio", dice Núñez.

Nada de esto logra espantar a los interesados en trasladarse ahí. La subgerenta general de Zoom Inmobiliario, María Cristina Caro, lo corrobora con cifras: "En apenas un año, las casas aumentaron en un 12% su valor. El precio promedio de venta de un metro cuadrado era de 45,5 UF en enero de 2011. Hoy es de 51,06 UF".

Fuente: La Tercera.

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